Batista entrega útiles escolares en zonas deprimidas
Miguel Batista entregó útiles escolares a niños residentes en zonas deprimidas del país (Fuente externa)
SANTO DOMINGO, (R.Dominicana).- El lanzador dominicano Miguel Batista, de los Marineros de Seattle, entregó mochilas y otros útiles escolares a cientos de niños de familias en condición de pobreza extrema en las comunidades de Los Alcarrizos, Los Tocones, Arroyo Zurdido, El Limón, Loma Agua Sabrosa y el casco urbano de la provincia de Samaná.
Batista, un experimentado serpentinero que ha desarrollado con éxito el camino de la literatura, -es poeta y novelista-, ejecuta estos programas a través de su fundación con la persigue llevar aliento y asistencia a muchos dominicanos con la intención de mejorar sus condiciones de vida.
El serpentinero derecho continuará en los próximos días con un programa de donaciones que ha estructurado y que incluirá medicamentos, sillas de ruedas, equipos para hospitales y útiles deportivos que entregará personalmente y a través de otras instituciones de asistencia de todo el país.
“El Poeta del Béisbol”, como también es conocido Batista, fue integrante del equipo de las Diamantinas de Arizona que ganó la Serie Mundial de 2001.
Ha escrito las obras “Sentimientos en blanco y negro”, libro de poesía, y la novela de ficción “Ante los ojos de la ley”. Además, es columnista de ESPN, y en su blog acostumbra narrar las vivencias y experiencias propias y de compañeros a través de sus 14 años como jugador de Grandes Ligas
jueves, 15 de enero de 2009
Cinderelas del beisbol
por: Miguel Batista publicado: martes, 13 de enero de 2009
http://www.espndeportes.com/
"Tanto el amor como la fama muchas veces en la vida son accidentes, que dependen del rumbo que uno toma", citando a Jorge Luís Borges doy comienzo a una de las historias que más me han conmovido últimamente.
En el mundo del béisbol hay historias de amor que contradicen al maestro, pues como me dijo una vez un compañero "yo no sé si fue mi destino o su terquedad, sólo sé que gracias a Dios y a mi mujer, hoy estoy aquí".
¿Existe el destino en el amor? ¿O es simplemente una creencia ingenua de los hombres?Escuchen el eco mudo de este testimonio y pongan en la balanza de la razón sus más sinceras opiniones, pues en el béisbol profesional hay "cinderelas" que ustedes aún no conocen.
Mientras la veía cocinar, me acerqué y buscando conocer su versión, le pregunté a la esposa de mi compañero, por quien sentía una gran admiración, ¿como fue todo?
En su semblante se reflejó una suave sonrisa y sus ojos comenzaron a brillar dulcemente; por un instante la sentí perderse en el mar de sus recuerdos y ya sonriendo empezó su narración. "Bueno, yo tenía ocho años y él nueve, yo siempre estuve enamorada de él, pero no me hacía caso. Las personas criticaban a mi mamá porque ella tenía un salón de belleza y su niñita estaba enamorada del hijo del señor que vendía naranjas en mi escuela".
¿Como sabías que estabas enamorada si eras sólo una niña? "Es algo difícil de explicar, pero yo siempre lo supe. Cuando el comenzó a jugar béisbol, todos los días él pasaba por el frente de mi casa de regreso del estadio y yo le pedí a mi mamá que me enseñara a hacer limonada. Cada día yo le llamaba al verle pasar y le brindaba de mi limonada y así podía hablar con él en la galería de mi casa. Así me transcurrieron casi seis años".
De pronto la dulzura de sus facciones cambio y endureciendo el rostro agregó "Cuando teníamos como quince años él se buscó una novia y no era yo ¿¡puedes creer eso!? Y lo peor de todo era que formaba parte de una pandilla de muchachos que causaban muchos problemas en el vecindario. Todas mis amigas se burlaban de mí y me decían que como podía estar enamorada de alguien así, pero no les prestaba atención.
Un día, cuando volvía del estadio lo llamé y le dije que no quería ser mas su amiga, que yo no tenía corazón para verlo desperdiciar su vida y que me rompería el alma tener que visitarlo en la cárcel algún día; fue entonces cuando él comenzó a cambiar".
Mis ojos trataban de seguir cada uno de sus movimientos mientras que ella recorría la cocina en busca de varias especias para darle sabor a una cacerola de frijoles que seducían el paladar con un exquisito olor.
¿Cómo fue la relación cuando él ya se había convertido en jugador profesional?, indagué, porque sentía curiosidad por saber si esa situación había hecho cambiar los sentimientos entre ellos, ya que siempre dicen que la pobreza está más cerca el amor.
"A los dieciséis ya éramos novios y a los diecisiete cuando el firmó para ser profesional ya nos habíamos casado. Yo había estudiado estética igual que mi madre, pero lo dejé todo para irme detrás de mi hombre. Lo seguí por años en todas las Ligas Menores, pasamos las mil y una, pero siempre estuvimos juntos; el año que estábamos en Doble A estaba bateando súper bien y se dislocó un tobillo al deslizarse en segunda base. Él no quería que lo pusieran en la lista de incapacitados porque sabía que estaban por subirlo a Grandes Ligas, imagínate después del juego, el pobre muchacho llegaba a la casa cojeando, con el tobillo hinchado y yo me pasé tres meses, noche tras noche dándole masajes y poniéndole agua tibia.
Luego de un par de años en las Mayores las cosas cambiaron, ya teníamos nuestros hijos y todo parecía estar bien hasta que lo enviaron a otro equipo y lo bajaron a las Menores de nuevo, él se me deprimió mucho". En ese momento ella bajó el rostro y mirando hacía el otro lado, trato de esconder las lágrimas que rodaban por sus mejillas "Yo tomé a nuestros tres hijos y me paré delante de él y le pegunté ¿Y ahora que vas hacer? ¿Vas a renunciar? ¡Aquí tienes cuatro personas que confiamos en ti y sabemos que puedes volver a jugar en Las Mayores!"
¿Cuál fue su reacción?Ella sonrió mientras secaba sus lágrimas y respondió "El se abalanzó sobre nosotros y comenzó a llorar. Dos años después ya estábamos de vuelta en Grandes Ligas con otro equipo y al siguiente rompió uno de las marcas ofensivas más importantes de La Serie Mundial".
Al terminar la cena, busqué el momento oportuno y acercándome a mi compañero le comenté "¡Oye, tu esposa me contó como se conocieron. Que bonita historia la de ustedes!
Mi compañero al oír mi comentario se puso serio y perdiendo su mirada en el horizonte me respondió "Cuando yo era un chiquillo sólo pensaba en andar con los muchachos del barrio y hacer travesuras, era el hijo de un simple vendedor de naranjas que pensaba que no tenía futuro. Ella me demostró que estaba equivocado, que para que un hombre cambie su vida, primero debe cambiar su forma de pensar. Ella, como en el cuento de hadas, con tan sólo un beso hizo de una rana el príncipe que todos hoy admiran."
Ambos guardamos silencio por un instante, una hermosa luna llena iluminaba el estrellado cielo de mi Quisqueya, de repente con un brillo en sus pupilas me miró y dijo "Cuando cumplimos nuestros quince años juntos, nos casamos por la iglesia, porque cuando firmé no teníamos dinero para celebrar una gran boda, entonces contraté un pianista y en medio de todos le canté la canción de Ricardo Montaner, aquella que dice "Yo sin ti ¿Quién sabe que vida llevaría? Yo sin ti...
http://www.espndeportes.com/
"Tanto el amor como la fama muchas veces en la vida son accidentes, que dependen del rumbo que uno toma", citando a Jorge Luís Borges doy comienzo a una de las historias que más me han conmovido últimamente.
En el mundo del béisbol hay historias de amor que contradicen al maestro, pues como me dijo una vez un compañero "yo no sé si fue mi destino o su terquedad, sólo sé que gracias a Dios y a mi mujer, hoy estoy aquí".
¿Existe el destino en el amor? ¿O es simplemente una creencia ingenua de los hombres?Escuchen el eco mudo de este testimonio y pongan en la balanza de la razón sus más sinceras opiniones, pues en el béisbol profesional hay "cinderelas" que ustedes aún no conocen.
Mientras la veía cocinar, me acerqué y buscando conocer su versión, le pregunté a la esposa de mi compañero, por quien sentía una gran admiración, ¿como fue todo?
En su semblante se reflejó una suave sonrisa y sus ojos comenzaron a brillar dulcemente; por un instante la sentí perderse en el mar de sus recuerdos y ya sonriendo empezó su narración. "Bueno, yo tenía ocho años y él nueve, yo siempre estuve enamorada de él, pero no me hacía caso. Las personas criticaban a mi mamá porque ella tenía un salón de belleza y su niñita estaba enamorada del hijo del señor que vendía naranjas en mi escuela".
¿Como sabías que estabas enamorada si eras sólo una niña? "Es algo difícil de explicar, pero yo siempre lo supe. Cuando el comenzó a jugar béisbol, todos los días él pasaba por el frente de mi casa de regreso del estadio y yo le pedí a mi mamá que me enseñara a hacer limonada. Cada día yo le llamaba al verle pasar y le brindaba de mi limonada y así podía hablar con él en la galería de mi casa. Así me transcurrieron casi seis años".
De pronto la dulzura de sus facciones cambio y endureciendo el rostro agregó "Cuando teníamos como quince años él se buscó una novia y no era yo ¿¡puedes creer eso!? Y lo peor de todo era que formaba parte de una pandilla de muchachos que causaban muchos problemas en el vecindario. Todas mis amigas se burlaban de mí y me decían que como podía estar enamorada de alguien así, pero no les prestaba atención.
Un día, cuando volvía del estadio lo llamé y le dije que no quería ser mas su amiga, que yo no tenía corazón para verlo desperdiciar su vida y que me rompería el alma tener que visitarlo en la cárcel algún día; fue entonces cuando él comenzó a cambiar".
Mis ojos trataban de seguir cada uno de sus movimientos mientras que ella recorría la cocina en busca de varias especias para darle sabor a una cacerola de frijoles que seducían el paladar con un exquisito olor.
¿Cómo fue la relación cuando él ya se había convertido en jugador profesional?, indagué, porque sentía curiosidad por saber si esa situación había hecho cambiar los sentimientos entre ellos, ya que siempre dicen que la pobreza está más cerca el amor.
"A los dieciséis ya éramos novios y a los diecisiete cuando el firmó para ser profesional ya nos habíamos casado. Yo había estudiado estética igual que mi madre, pero lo dejé todo para irme detrás de mi hombre. Lo seguí por años en todas las Ligas Menores, pasamos las mil y una, pero siempre estuvimos juntos; el año que estábamos en Doble A estaba bateando súper bien y se dislocó un tobillo al deslizarse en segunda base. Él no quería que lo pusieran en la lista de incapacitados porque sabía que estaban por subirlo a Grandes Ligas, imagínate después del juego, el pobre muchacho llegaba a la casa cojeando, con el tobillo hinchado y yo me pasé tres meses, noche tras noche dándole masajes y poniéndole agua tibia.
Luego de un par de años en las Mayores las cosas cambiaron, ya teníamos nuestros hijos y todo parecía estar bien hasta que lo enviaron a otro equipo y lo bajaron a las Menores de nuevo, él se me deprimió mucho". En ese momento ella bajó el rostro y mirando hacía el otro lado, trato de esconder las lágrimas que rodaban por sus mejillas "Yo tomé a nuestros tres hijos y me paré delante de él y le pegunté ¿Y ahora que vas hacer? ¿Vas a renunciar? ¡Aquí tienes cuatro personas que confiamos en ti y sabemos que puedes volver a jugar en Las Mayores!"
¿Cuál fue su reacción?Ella sonrió mientras secaba sus lágrimas y respondió "El se abalanzó sobre nosotros y comenzó a llorar. Dos años después ya estábamos de vuelta en Grandes Ligas con otro equipo y al siguiente rompió uno de las marcas ofensivas más importantes de La Serie Mundial".
Al terminar la cena, busqué el momento oportuno y acercándome a mi compañero le comenté "¡Oye, tu esposa me contó como se conocieron. Que bonita historia la de ustedes!
Mi compañero al oír mi comentario se puso serio y perdiendo su mirada en el horizonte me respondió "Cuando yo era un chiquillo sólo pensaba en andar con los muchachos del barrio y hacer travesuras, era el hijo de un simple vendedor de naranjas que pensaba que no tenía futuro. Ella me demostró que estaba equivocado, que para que un hombre cambie su vida, primero debe cambiar su forma de pensar. Ella, como en el cuento de hadas, con tan sólo un beso hizo de una rana el príncipe que todos hoy admiran."
Ambos guardamos silencio por un instante, una hermosa luna llena iluminaba el estrellado cielo de mi Quisqueya, de repente con un brillo en sus pupilas me miró y dijo "Cuando cumplimos nuestros quince años juntos, nos casamos por la iglesia, porque cuando firmé no teníamos dinero para celebrar una gran boda, entonces contraté un pianista y en medio de todos le canté la canción de Ricardo Montaner, aquella que dice "Yo sin ti ¿Quién sabe que vida llevaría? Yo sin ti...
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United States
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